Aún es tiempo para echar una carcajada con una carta a Santa Claus.
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martes, 15 de enero de 2008
domingo, 30 de diciembre de 2007
Un chiste de violinistas
Iban en un tren un hombre de Santander y otro de Bilbao. Para hacer algo menos aburrido el viaje, el de Santander inicia una conversación:
- Hola, hasta dónde va usted?
- Hasta Bilbao - responde el vasco, y usted?
- Yo llegaré un poco más lejos, hasta Santander, que tengo que dar un concierto de violín.
- Ahivá la hostia pues - dice el de Bilbao -. No me jodas que tocas el violín, yo también soy violinista. Qué coincidencia.
- No solo toco el violín; soy el mejor violinista del mundo.
- En eso no estoy de acuerdo, estoy seguro de que toco el violín mucho mejor que usted.
- Lo siento - dice el de Santander - pero no se puede comparar. Hace 15 días, dí un recital en el auditorio de Barcelona, y las 10 mil personas que me vieron, estuvieron en pie aplaudiendo sin parar al final del concierto 45 minutos.
- Pero eso no es nada - contesta el de Bilbao. El otro día estuve yo tocando en Madrid delante de 40 mil personas, y estuvieron en pie aplaudiendo 90 minutos.
El de Santander se empieza a mosquear y le dice:
- Vamos a ver, imagínese lo bien que toco, que el otro día estuve tocando en la Catedral de Burgos, y a la imagen de la Virgen se le saltaron las lágrimas.
- Pero eso no es nada - responde el vasco. Ayer estuve yo tocando en la Catedral de Bilbao, y al terminar, se bajó el Cristo de la cruz, me abrazó y me dijo: 'eso es tocar bien, y no el hijo puta de Santander, que hace llorar a mi madre'.
- Hola, hasta dónde va usted?
- Hasta Bilbao - responde el vasco, y usted?
- Yo llegaré un poco más lejos, hasta Santander, que tengo que dar un concierto de violín.
- Ahivá la hostia pues - dice el de Bilbao -. No me jodas que tocas el violín, yo también soy violinista. Qué coincidencia.
- No solo toco el violín; soy el mejor violinista del mundo.
- En eso no estoy de acuerdo, estoy seguro de que toco el violín mucho mejor que usted.
- Lo siento - dice el de Santander - pero no se puede comparar. Hace 15 días, dí un recital en el auditorio de Barcelona, y las 10 mil personas que me vieron, estuvieron en pie aplaudiendo sin parar al final del concierto 45 minutos.
- Pero eso no es nada - contesta el de Bilbao. El otro día estuve yo tocando en Madrid delante de 40 mil personas, y estuvieron en pie aplaudiendo 90 minutos.
El de Santander se empieza a mosquear y le dice:
- Vamos a ver, imagínese lo bien que toco, que el otro día estuve tocando en la Catedral de Burgos, y a la imagen de la Virgen se le saltaron las lágrimas.
- Pero eso no es nada - responde el vasco. Ayer estuve yo tocando en la Catedral de Bilbao, y al terminar, se bajó el Cristo de la cruz, me abrazó y me dijo: 'eso es tocar bien, y no el hijo puta de Santander, que hace llorar a mi madre'.
domingo, 9 de diciembre de 2007
UN CHISTE PARA SACAR UNA SONRISA A UN DOMINGO TRISTÓN
Una pareja llevaba muchos años de matrimonio y no había logrado tener hijos. Tras consultar varios doctores sin éxito, fueron a ver a un especialista muy renombrado quien, tras muchos estudios, les dijo que la única solución era que buscaran un padre sustituto.
-"¿Y qué es un padre sustituto?"- pregunta la señora.
-"Es un hombre seleccionado con mucho cuidado y que hace, por una única vez, las funciones del esposo para que la mujer quede embarazada."
La señora vaciló un poco, pero el esposo le dice al doctor que él no tiene ningún inconveniente con tal de ver realizada su ilusión de convertirse en padre.
Pocos días después, se contrata a un joven y se hace una cita para que al siguiente domingo por la mañana, cuando se ausente el marido de la casa, vaya y visite a la señora para cumplir su tarea. Sin embargo, sucedió que un fotógrafo de niños había sido llamado a una casa vecina para retratar a un bebé. Por azar del destino, el hombre se equivocó de domicilio llegando al de la señora.
-"Buenos días, señora, vengo por lo del niño."
-"Mmm, sí, pase usted. ¿Gusta tomar algo?"
-"No, muchas gracias, el alcohol no es bueno para mi trabajo. Lo que quisiera es comenzar cuanto antes".
-"Muy bien. ¿Le parece si vamos a la habitación?"
-"Puede ser allí, pero también me gustaría una aquí, en la sala, dos en la alfombra y otro en el jardín".
-"¿Pues cuántos van a ser?" Se alarmó la señora.
-"Ordinariamente son cinco en cada sesión pero, si la mamá coopera, pueden ser más. Todo depende"- dijo mientras sacaba del portafolios un álbum.
-"Me gustaría que viera antes algo de lo que he hecho".
-"Tengo una técnica muy especial y única que le ha gustado mucho a mis clientas.
Por ejemplo, mire el retrato de este niño tan bonito. Lo hice en un parque público, a plena luz del día. ¡Cómo se juntó la gente para verme trabajar!
En esa vez me ayudaron dos amigos, porque la señora era muy exigente. Con nada le podía yo dar gusto y quedarle bien. Para colmo, esa vez tuve que suspender el trabajo porque llegó una ardilla y comenzó a mordisquearme el equipo".
La señora, estupefacta, escuchaba todo esto mientras el fotógrafo continuaba.
-"Ahora vea estos mellizos. En esa ocasión sí que me lucí, todo lo hice en menos de 5 minutos: llegué y? ¡paff!...dos tomas y mire los gemelos qué bellos me salieron."
La señora estaba cada vez más asustada oyendo al fotógrafo hablar.
-"Con este niño batallé un poco más porque la mamá era muy nerviosa. Yo le dije: -Mire señora, usted voltéese hacia el otro lado y déjeme hacer todo a mí. Ella se volteó y así pude hacer mi trabajo."
A esta altura, la señora estaba a punto del desmayo. El fotógrafo, guardando su álbum, le dice:
-"¿Quiere que comencemos ya, señora?"
-"Cuando usted diga".
- "Está bien, voy por mi trípode."
-"¿TRÍPODE?"- dijo la mujer temblando.
-"Sí"- dice muy tranquilo el fotógrafo,
-"Es que mi equipo es muy grande y necesito un trípode para apoyarlo y estabilizarlo porque ni con las dos manos puedo sostenerlo bien?"
- "¿Señora, señora? ¿dónde está?..."
-"¿Y qué es un padre sustituto?"- pregunta la señora.
-"Es un hombre seleccionado con mucho cuidado y que hace, por una única vez, las funciones del esposo para que la mujer quede embarazada."
La señora vaciló un poco, pero el esposo le dice al doctor que él no tiene ningún inconveniente con tal de ver realizada su ilusión de convertirse en padre.
Pocos días después, se contrata a un joven y se hace una cita para que al siguiente domingo por la mañana, cuando se ausente el marido de la casa, vaya y visite a la señora para cumplir su tarea. Sin embargo, sucedió que un fotógrafo de niños había sido llamado a una casa vecina para retratar a un bebé. Por azar del destino, el hombre se equivocó de domicilio llegando al de la señora.
-"Buenos días, señora, vengo por lo del niño."
-"Mmm, sí, pase usted. ¿Gusta tomar algo?"
-"No, muchas gracias, el alcohol no es bueno para mi trabajo. Lo que quisiera es comenzar cuanto antes".
-"Muy bien. ¿Le parece si vamos a la habitación?"
-"Puede ser allí, pero también me gustaría una aquí, en la sala, dos en la alfombra y otro en el jardín".
-"¿Pues cuántos van a ser?" Se alarmó la señora.
-"Ordinariamente son cinco en cada sesión pero, si la mamá coopera, pueden ser más. Todo depende"- dijo mientras sacaba del portafolios un álbum.
-"Me gustaría que viera antes algo de lo que he hecho".
-"Tengo una técnica muy especial y única que le ha gustado mucho a mis clientas.
Por ejemplo, mire el retrato de este niño tan bonito. Lo hice en un parque público, a plena luz del día. ¡Cómo se juntó la gente para verme trabajar!
En esa vez me ayudaron dos amigos, porque la señora era muy exigente. Con nada le podía yo dar gusto y quedarle bien. Para colmo, esa vez tuve que suspender el trabajo porque llegó una ardilla y comenzó a mordisquearme el equipo".
La señora, estupefacta, escuchaba todo esto mientras el fotógrafo continuaba.
-"Ahora vea estos mellizos. En esa ocasión sí que me lucí, todo lo hice en menos de 5 minutos: llegué y? ¡paff!...dos tomas y mire los gemelos qué bellos me salieron."
La señora estaba cada vez más asustada oyendo al fotógrafo hablar.
-"Con este niño batallé un poco más porque la mamá era muy nerviosa. Yo le dije: -Mire señora, usted voltéese hacia el otro lado y déjeme hacer todo a mí. Ella se volteó y así pude hacer mi trabajo."
A esta altura, la señora estaba a punto del desmayo. El fotógrafo, guardando su álbum, le dice:
-"¿Quiere que comencemos ya, señora?"
-"Cuando usted diga".
- "Está bien, voy por mi trípode."
-"¿TRÍPODE?"- dijo la mujer temblando.
-"Sí"- dice muy tranquilo el fotógrafo,
-"Es que mi equipo es muy grande y necesito un trípode para apoyarlo y estabilizarlo porque ni con las dos manos puedo sostenerlo bien?"
- "¿Señora, señora? ¿dónde está?..."
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