Y Juéllega Extremeña está por encima de los que individualmente han tratado por todos los medios de hacerla desaparecer como de los que han estado siempre a su favor. Hoy, sábado 9 de Agosto, retornará a “su festival” para fortuna de todos los valencianos y demás habitantes de bien. Son veintitantos años de alegrías, disgustos y mucho trabajo para los integrantes que hay detrás de este grupo y NADIE tiene ni debe tener el poder suficiente para hacerla desaparecer, como se ha intentado a través de medios y personas. Y lo que es peor, personas que ni siquiera son del pueblo.
¿Se iba a consentir que vinieran de fuera a cargarse el grupo folklórico? No hubiéramos tenido perdón, como tampoco lo tienen quiénes siendo valencianos se han opuesto a través de manos manipuladoras, a todo aquello que “oliera” a Juéllega Extremeña. Y digo esto, aprovechando que hace unos días a una persona que llamó a la “radio amiga”, esa que se jacta de ser plural y abierta a todos, le fue “recortada” su intervención radiofónica interesadamente cuando comenzó a hablar a favor del grupo (en este caso no quiero ser tan ingenuo para pensar que todo fue cosa de los duendecillos radiofónicos y sus bromitas).
Da igual si se tienen envidias, rencores, diferencias políticas o enemistades con personas del grupo, lo importante es que se trata de algo que ya pertenece a Valencia de Alcántara y ..... su Campiña (que nunca olvidaría decir un “incondicional” del grupo). Si al menos no es del agrado de uno o una, que no se pongan todas las zancadillas posibles, ni que tampoco se juzgue por el color político del gobernante de turno, como ha ocurrido con los juicios interesadamente politizados de la Boda Regia.
Que todo salga bien y el año que viene…. aún mejor.
Por cierto, ¿os suena el presentador del festival?, seguro que muchas personas le echan de menos por estos lares por su profesionalidad y bien hacer radio.
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sábado, 9 de agosto de 2008
miércoles, 23 de abril de 2008
DÍA DEL LIBRO Y LA ROSA

Y una mujer que llevaba un niño en los brazos dijo:
Háblanos de los hijos.
Y dijo él:
Vuestros hijos no son vuestros hijos. Son los hijos y las hijas del ansia de la Vida por sí misma.
Vienen a través vuestro, pero no son vuestros.
Y aunque vivan con vosotros, no os pertenecen.
Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos, porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis abrigar sus cuerpos, pero no sus almas, pues sus almas habitan en la mansión del mañana, que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños.
Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no intentéis hacerlos a ellos como a vosotros. Ya que la Vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.
Sois los arcos con los que vuestros niños, cual flechas vivas, son lanzados. El Arquero ve el blanco en el camino del infinito, y Él, con Su poder, os tenderá, para que Sus flechas puedan volar rápidas y lejos. Que la tensión que os causa la mano del Arquero sea vuestro gozo, ya que así como Él ama la flecha que vuela, ama también el arco que permanece inmóvil.
("El profeta" Gibran Khalil Gibran)
sábado, 29 de marzo de 2008
UN DÍA MÁS
Mañana de Marzo. Una mañana más. Una noche menos. Suena el despertador. Es la hora de levantarse y regresar a la monotonía del trabajo diario. No me apetece levantarme, me envuelve una repentina pereza al girarme hacia ti y contemplarte en tu profundo sueño. Sigues estando ahí, como cada día y cada noche de todos estos años de vidas compartidas. Quiero darte un beso de gratitud, pienso en acurrucarme junto a ti, abrazarte y olvidarme de la cotidianidad del trabajo, pero me detiene un débil movimiento tuyo; no, no quiero despertarte, prefiero sentir tu acompasado respirar y la tranquilidad con que te presentas ante mis ojos. No es justo, no puedo dejarme llevar por ese impulso de besarte y provocar que ese profundo sueño desaparezca y solo para llevarte a la realidad del nuevo día. Me enternezco con tu imagen mientras duermes, me felicito por mi suerte al conocerte y me lanzo a la vivencia del nuevo día con la esperanza de soñar una noche más a tu lado y …..
¡contemplarte a la mañana siguiente cuando duermes!.
¡contemplarte a la mañana siguiente cuando duermes!.
sábado, 29 de diciembre de 2007
Reflexión
pssss pssss...
Oiga usted...............¡Sí sí, usted..!
¿No se da cuenta que va como soñando despierto?
Le he visto caminar, le observo
y hasta oigo cómo arrastra usted los pies.
¿Por qué no camina derecho?
Y esa pinta... ¡por Dios, levante la cara
para que le pueda ver!
Uf! Vaya mirada de pena; ...mejor
la agache de nuevo...
que bien pudiera ser
que encontrara algún consuelo
por ahí abajo... ¡vaya usted a saber!
Y esa melancolía que todito le invade
¿porqué se viste con ella?
pareciera que es poeta
y que escribe a la botella
de donde todo le sale...
Y cuide mejor su imagen,
vaya gabán tan viejo...
Mire, retírese de mi vista...
Ahí se queda... ya le dejo.
pss Oiga,.... ¡oiga!...
¡Ahí va!... ¡si es un espejo!
-Autor Valentino-
Oiga usted...............¡Sí sí, usted..!
¿No se da cuenta que va como soñando despierto?
Le he visto caminar, le observo
y hasta oigo cómo arrastra usted los pies.
¿Por qué no camina derecho?
Y esa pinta... ¡por Dios, levante la cara
para que le pueda ver!
Uf! Vaya mirada de pena; ...mejor
la agache de nuevo...
que bien pudiera ser
que encontrara algún consuelo
por ahí abajo... ¡vaya usted a saber!
Y esa melancolía que todito le invade
¿porqué se viste con ella?
pareciera que es poeta
y que escribe a la botella
de donde todo le sale...
Y cuide mejor su imagen,
vaya gabán tan viejo...
Mire, retírese de mi vista...
Ahí se queda... ya le dejo.
pss Oiga,.... ¡oiga!...
¡Ahí va!... ¡si es un espejo!
-Autor Valentino-
sábado, 22 de diciembre de 2007
¿Soy infiel? (Visión de una psicoanalista)
Podría ser hipócrita y responder que en absoluto soy infiel, que me entrego en cuerpo y alma a mis ideas y mis amores, que nada cambia ni yo tampoco. Intentar convenceros de que esa es la mejor forma de vivir, que hacer lo contrario es una inmoralidad y que la infidelidad habría que desterrarla de este mundo. Como digo, podría ser hipócrita. Pero voy a ser sincera con ustedes. Los datos que se refieren a la infidelidad conyugal reflejan que más de la mitad de los varones han tenido experiencias sexuales extraconyugales, las mujeres aún no alcanzan las mismas cifras, pero va en aumento. En contraste con esta realidad que se esconde tras un tupido velo, las personas valoran a la hora de buscar pareja, no el físico o la inteligencia, sino la fidelidad. Tampoco hay que pasar por alto que las infidelidades suelen ser una causa determinante en muchas rupturas de pareja. ¿Cómo compaginar entonces el ideal con la cruda realidad?
¿Somos unos inmorales o es que esta moralidad que tenemos no tiene en cuenta los deseos y necesidades humanos? Antes de que entren a polemizar con lo que digo, bien estaría definir lo que entiendo por fidelidad o infidelidad. Sería muy pobre quedarse en el terreno sexual para referirse a este término, aducir que cuando uno ama a una persona debe serle fiel y no mirar a ninguna otra. Esta es la concepción que seguro tendrán muchos de ustedes, pero puedo sumarle muchas más cosas. Ser fiel también habría que serlo a las primeras ideas que uno tuviera o a los primeros amores o a los primeros gustos. Sin embargo, ustedes entenderán que lo que un día me gustó no tiene por qué gustarme hoy, que lo que yo pensaba de la vida antaño hoy no coincide con mi pensamiento actual. Afortunadamente eso tiene que ser así. Las personas estamos en continuo crecimiento. Nuestros gustos varían, vamos sumando experiencias, relaciones. Si entendiéramos como infidelidad cada paso que uno diera que le aleje de lo anterior, no estaríamos donde estamos. Seríamos una especie sumamente pobre.
Nos caracterizamos por lo contrario, somos seres de gran complejidad, diferentes a cada instante, lo que pensaba ayer hoy no lo mantengo, puedo cambiar de trabajo, de pareja y hasta de color de pelo y eso no tiene por qué significar que sea mala persona o menos relevante para la sociedad. Sin embargo, se nos pide que seamos fieles en el terreno amoroso. ¿Cómo se habrá llegado a tal exigencia?
En un interesante trabajo de Freud “La moral sexual cultural en la nerviosidad moderna” el autor realiza un estudio donde contrasta las exigencias morales y las necesidades o deseos humanos. Una cosa es lo que se nos exige moralmente y otra, muy diferente, que “todos” podamos a llegar a satisfacer tales niveles. Hay personas para las cuales ser fieles a sus parejas es tarea fácil, pero para otras, en cambio, asumir tal exigencia les lleva al camino de la enfermedad, la insatisfacción o el engaño. Si uno quiere, es fácil de entender. Hay quienes se conforman con lo monótono, incluso, están así a gusto, personas a las que comer todos los días lo mismo les satisface. ¿Qué haría usted si todos los días hiciera lo mismo, viera a las mismas personas, dijera las mismas palabras? Creo que podría llegar a desesperarse. Pues eso mismo es lo que pedimos en el terreno sexual a todo el mundo, que se conformen todos los días con el mismo aburrimiento.
No todos somos así claro, porque podemos ser una pareja pero cocinar los mismos platos de forma diferente cada día, evitamos la monotonía, cada encuentro es una sorpresa. Este ideal, sin embargo, sean sinceros, pocas veces se cumple. El matrimonio acomoda, somos el uno del otro, posesiones, nos descuidamos, se acaba la pasión, todo monotonía, parecemos más que amantes, hermanos. Díganme así quién puede mantenerse fiel sin ser un insatisfecho.
Muchos hombres, para mantener sus matrimonios, vivían una vida paralela. Amantes o prostitución eran los caminos para su satisfacción, mientras que su vida familiar era cómoda y aparentemente feliz. Sus mujeres no les ofrecían lo que ellos necesitaban. Muchas de ellas también encontraban fuera de casa el lugar donde satisfacer sus fantasías, porque frente a sus maridos no podían. Como ven, un desencuentro de goces.
Entrar a valorar si esto está bien o no, no me corresponde. Pero sí decir que es una realidad. Que el ser humano no puede ser fiel, si lo es lo sería a sus primeros vínculos afectivos o amorosos, a sus primeras ideas y eso no hay quien pueda mantenerlo con salud. Tenemos que aceptar que ninguna persona puede ser una propiedad privada, la pareja ha de fundamentarse en el amor y/o deseo, para que ello se mantenga el trabajo ha de ser continuo. Conversar, respetar, tolerar. Debemos entender que todos deseamos muchas cosas y no por ello dejamos de hacer las que hacemos. Que a veces para que mi marido esté a gusto conmigo, tiene que encontrarse con otras relaciones. Que yo a veces, cuando hago el amor con él, pienso en otras personas. Que por decir su nombre, digo el de otro. Que sueña con otros nombres que no son el mío. Que a veces, nos encontramos deseándonos. Y que no nos separamos ni nos matamos, porque aceptamos que somos diferentes y, aún así, nos amamos.
Usted elige, la hipocresía o la realidad del deseo humano. En otros lugares la gente se mata por esto, aquí nos animamos a la conversación.
¿Somos unos inmorales o es que esta moralidad que tenemos no tiene en cuenta los deseos y necesidades humanos? Antes de que entren a polemizar con lo que digo, bien estaría definir lo que entiendo por fidelidad o infidelidad. Sería muy pobre quedarse en el terreno sexual para referirse a este término, aducir que cuando uno ama a una persona debe serle fiel y no mirar a ninguna otra. Esta es la concepción que seguro tendrán muchos de ustedes, pero puedo sumarle muchas más cosas. Ser fiel también habría que serlo a las primeras ideas que uno tuviera o a los primeros amores o a los primeros gustos. Sin embargo, ustedes entenderán que lo que un día me gustó no tiene por qué gustarme hoy, que lo que yo pensaba de la vida antaño hoy no coincide con mi pensamiento actual. Afortunadamente eso tiene que ser así. Las personas estamos en continuo crecimiento. Nuestros gustos varían, vamos sumando experiencias, relaciones. Si entendiéramos como infidelidad cada paso que uno diera que le aleje de lo anterior, no estaríamos donde estamos. Seríamos una especie sumamente pobre.
Nos caracterizamos por lo contrario, somos seres de gran complejidad, diferentes a cada instante, lo que pensaba ayer hoy no lo mantengo, puedo cambiar de trabajo, de pareja y hasta de color de pelo y eso no tiene por qué significar que sea mala persona o menos relevante para la sociedad. Sin embargo, se nos pide que seamos fieles en el terreno amoroso. ¿Cómo se habrá llegado a tal exigencia?
En un interesante trabajo de Freud “La moral sexual cultural en la nerviosidad moderna” el autor realiza un estudio donde contrasta las exigencias morales y las necesidades o deseos humanos. Una cosa es lo que se nos exige moralmente y otra, muy diferente, que “todos” podamos a llegar a satisfacer tales niveles. Hay personas para las cuales ser fieles a sus parejas es tarea fácil, pero para otras, en cambio, asumir tal exigencia les lleva al camino de la enfermedad, la insatisfacción o el engaño. Si uno quiere, es fácil de entender. Hay quienes se conforman con lo monótono, incluso, están así a gusto, personas a las que comer todos los días lo mismo les satisface. ¿Qué haría usted si todos los días hiciera lo mismo, viera a las mismas personas, dijera las mismas palabras? Creo que podría llegar a desesperarse. Pues eso mismo es lo que pedimos en el terreno sexual a todo el mundo, que se conformen todos los días con el mismo aburrimiento.
No todos somos así claro, porque podemos ser una pareja pero cocinar los mismos platos de forma diferente cada día, evitamos la monotonía, cada encuentro es una sorpresa. Este ideal, sin embargo, sean sinceros, pocas veces se cumple. El matrimonio acomoda, somos el uno del otro, posesiones, nos descuidamos, se acaba la pasión, todo monotonía, parecemos más que amantes, hermanos. Díganme así quién puede mantenerse fiel sin ser un insatisfecho.
Muchos hombres, para mantener sus matrimonios, vivían una vida paralela. Amantes o prostitución eran los caminos para su satisfacción, mientras que su vida familiar era cómoda y aparentemente feliz. Sus mujeres no les ofrecían lo que ellos necesitaban. Muchas de ellas también encontraban fuera de casa el lugar donde satisfacer sus fantasías, porque frente a sus maridos no podían. Como ven, un desencuentro de goces.
Entrar a valorar si esto está bien o no, no me corresponde. Pero sí decir que es una realidad. Que el ser humano no puede ser fiel, si lo es lo sería a sus primeros vínculos afectivos o amorosos, a sus primeras ideas y eso no hay quien pueda mantenerlo con salud. Tenemos que aceptar que ninguna persona puede ser una propiedad privada, la pareja ha de fundamentarse en el amor y/o deseo, para que ello se mantenga el trabajo ha de ser continuo. Conversar, respetar, tolerar. Debemos entender que todos deseamos muchas cosas y no por ello dejamos de hacer las que hacemos. Que a veces para que mi marido esté a gusto conmigo, tiene que encontrarse con otras relaciones. Que yo a veces, cuando hago el amor con él, pienso en otras personas. Que por decir su nombre, digo el de otro. Que sueña con otros nombres que no son el mío. Que a veces, nos encontramos deseándonos. Y que no nos separamos ni nos matamos, porque aceptamos que somos diferentes y, aún así, nos amamos.
Usted elige, la hipocresía o la realidad del deseo humano. En otros lugares la gente se mata por esto, aquí nos animamos a la conversación.
lunes, 17 de diciembre de 2007
SOLEDAD, LA PLAGA DEL SIGLO XXI (Vicente Verdú)
Las grandes ciudades están llenas de solitarios. Crece el número de viviendas ocupadas por una sola persona y el trato físico se sustituye por las relaciones a distancia, por Internet. Es una epidemia que va en aumento.
La soledad de las grandes ciudades, el hiperindividualismo, la muchedumbre solitaria, las mónadas sociales, fueron temas relevantes en la segunda mitad del siglo XX, pero apenas se habla ya de ello. Los individuos no se han entrañado ni abrazado más entre sí, pero electrónicamente se han comunicado de tal modo que el fenómeno de la interconexión parece haber acallado las inquietudes o las voces del aislamiento.
Se trata, sin embargo, de dos realidades paralelas. Mientras la relación en el cuerpo a cuerpo sigue debilitándose, la relación a distancia, máscara a máscara, aumenta y prolifera. La aventura de ser un individuo diferente o, mejor, siempre dependiente de la imagen proyectada en los demás, se ha provisto ahora de un artilugio mediante el cual la apariencia de nuestra identidad se enreda con nuestras artes de engaño. Nuestro diseño, en fin, se encuentra más en nuestras manos a través del atrezzo, el nickname, el avatar, los juegos del sexo y la edad u otros recursos para hacer personajes de la persona y versiones de lo real.
El prójimo es siempre insustituible para poder ser algo, pero la proporción que de su efectiva sustancia se necesita para esbozar nuestro perfil social puede sustituirse, en parte, por nuestra habilidad para fingir en la pantalla, travestirse en la Red y recrearse en el nuevo espacio virtual, inconcebible hasta ahora.
Indudablemente, la satisfacción no será comparable a la que proporciona un amor encarnado o una consideración tangible, pero, poco a poco, este mundo electrónico será casi todo lo que hay, y la vida en su seno decidirá una porción variable de nuestra composición general. Lo transparente procura abrigo, lo remoto segrega afectividad, lo virtual se materializa, y el sucedáneo, como en las gulas, será progresivamente el único gusto atribuible a la angula.
Incluso, con el uso y el consumo de compañías y sentimientos en la Red, lo que hoy parece sucedáneo borrará su estigma subsidiario y ascenderá de pleno derecho al mundo que alivia los surtidos de la soledad.
Las ‘webs’ sociales. Tras el boom de las compañías puntocom de hace seis años ha estallado el éxito de las empresas que gestionan los puntos de encuentro entre millones de usuarios. Al éxito de la tecnología aplicada a los negocios sucede la multiplicación de los negocios que tienen su base primordial en las personas.
El conocimiento científico, las informaciones de consumo, las opiniones políticas se cruzan en una trama que ha facilitado y estimulado la Red. Y este universo de contactos innumerables posee una importante condición inédita: conectamos con más gentes sin tener que sufrir la penalidad de su aliento. El contacto “personista” se define así por una relación entre personas distantes y distintas, pero sin su extraño o atosigante tufo.
Crece la conexión y hasta la implicación, pero no los compromisos fuertes ni los entrañamientos hondos. De la misma manera que el saber actual es más superficial que profundo, la relación con las personas a través de la Red conforma un modelo a su imagen y semejanza. Tratamos con una multiplicidad de individuos para degustarlos fragmentariamente en aquellos aspectos que nos complacen, nos divierten o nos interesan.
El mundo avanza de esta manera como en un frente de infinitas relaciones ligeras. Vivimos o navegamos, y en lugar de llegar hasta el fondo del otro sustituimos la cavidad por el surf y el corazón por el botox. La interrelación resulta así menos personalista al modo católico de Mounier y, por el contrario, cada vez más “personista”.
En Corea del Sur, las relaciones sociales y afectivas a través de los medios electrónicos superan ya en frecuencia y número a las que se mantienen cara a cara. El rostro de Corea del Sur nunca se nos reveló con nitidez en Occidente, pero ¿no irá sucediendo lo mismo con la vasta y difusa trama que domina Internet y la derivación de su influjo? ¿En qué punto, por ejemplo, se encuentra hoy aquella amistad que amortiguaba la desazón de estar solo? De un lado crecen los telecontactos, aumentan las sectas, se multiplican los clubes, las pandas y las tribus urbanas, y de otro se incrementan los hogares ocupados por una sola persona hasta alcanzar más de la tercera parte de las viviendas en las grandes capitales de Occidente. En este contradictorio contexto, ¿dónde se halla el gozne de la compañía y el apoyo contra la soledad?
La mirada del otro. Muchos nexos y pocos vínculos, mucha conversación en horizontal y escasa en vertical. No es tanto ya la desconfianza en el otro lo que reduce el peso de la amistad, sino la dificultad laboral y residencial para cultivarla y enriquecerla. Poco a poco, sin pensarlo ni ponderarlo, vamos reduciendo la compañía eficaz al recinto de la pareja y sobre ella van concentrándose tantas demandas y exigencias, tanto socorro, que acaba cediendo en sus cimientos o ardiendo por exceso de exigencia.
El otro puede ser un verdugo o un lujo, aunque siempre posee partículas de ambos y siempre parece mejor que estar solo hallarse acompañado porque de la misma manera que no hay mejor especialista en la tortura que el autorturador ni tampoco peor enemigo de la lucidez que nuestra propia ofuscación, el otro cumple como elemento necesario para despejarnos. Aquel que nos observa desde fuera, liberado de nuestra fijación, puede actuar como la llave de nuestra cura. Todo problema tiene su solución, pero a menudo no se halla en nuestro reino y alguien amado, venido desde fuera, abre el encierro. Los términos se vuelven más claros como por ensalmo y saltamos desde su precipicio a la calma gracias a la cirugía de la ajenidad.
No significa, sin embargo, que el otro represente al mágico bálsamo de fierabrás. La especie humana prefiere, en general, no convivir demasiado junta. Precisamente, lo peor de la cotidianidad de las abejas procede de su obligatoria, eterna y hacinada colaboración. Nada parecido al orden de los seres humanos, que encuentran en la soledad una ocasión de lavado y salud precisas.
No será lo mismo la soledad que la independencia, pero la soledad elegida y la independencia conquistada se acercan mucho entre sí. Complementariamente, la calidad del lazo aumenta si ambos asumen su independencia y están juntos pudiendo estar distantes después. La relación florece cuando nadie acarrea su desolación y la soledad posterior a un desacuerdo no se traduce en devaluación o suicidio.
Somos con los demás y los demás son con nosotros, pero sin apelmazamientos. El amor, la amistad, nos construyen mutuamente si los pilares no descansan desequilibradamente. La interdependencia no es, por tanto, suma de dependencias, sino juego de independencias de manera que la metáfora del panal nos endulza tanto como nos encarcela.
Somos, en suma, seres comunitarios y solitarios, ciudadanos e individuos. El inconveniente de la soledad en relación a la visión del mundo reside en que una idea o una opinión mantenida en solitario es prácticamente igual a una creencia, mientras la idea compartida se vuelve convicción y ayuda a trazar itinerarios comunes y a formar un mapa iniciático del que irá hilvanándose una más alegre concepción del mundo.
Pero no revueltos. Contra la exaltación de la compañía, sin embargo, hay que decir que la demasiada presencia del otro es opuesta al progreso. Si los medios de comunicación moderna han triunfado y se han popularizado tanto es debido a su fórmula de permitir hallarse presentes sin presentarse. La pérdida de presencialidad ha ensanchado la lucidez del intervalo en no pocas relaciones ahumadas.
El espectáculo del otro sustituye así, muchas veces en nuestros días, a la realidad efectiva. Las pantallas omnipresentes operan como un cámara de transmutación de lo real para crear el mundo de una irrealidad liviana compatible con la idea de la ausencia. De otra parte, lo específico de nuestra especie no es el contacto con los demás, sino la distancia. Son especies de contacto aquellas que se apiñan por placer y permanecen piel con piel durante horas, como el hipopótamo, el cerdo o el erizo.
Pero hay especies de “no contacto”, entre las que se encuentra el caballo, el perro, el gato, la rata y también los seres humanos. No nos aguantamos demasiado cerca. Puede ser que este rechazo no predomine siendo cachorros o siendo bebés, pero en cuanto se alcanza el estado adulto, toda confortabilidad requiere holgura. Y no ya un hueco para pensar o atacar mejor, sino como hábitat primordial de la supervivencia.
El hacinamiento nos mata, y bastaría la excesiva proximidad para enfermarnos. El individuo (indivisible) requiere para su definición una esfera en la que reine el olor y el amor propio. El abrazo amistoso, la asociación religiosa, el equipo, el vecindario, son elecciones desde la soledad primigenia en que nos fundamos y nos reconocemos. Nada que ver con el pantanoso cosmos del cerdo, la aglomeración de erizos o el apegamiento de los hipopótamos.
En el fondo, además, siempre estamos solos. Más solos que la una y a casi cualquier hora, pobres o ricos, sanos o con hernias. Proust escribía: “Nos comunica alguien su enfermedad o su revés económico, lo escuchamos, lo compadecemos, tratamos de reconfortarle y volvemos a nuestros asuntos. ¡Qué solas estamos las personas!”.
Y qué bello disfrute hallamos en esa oquedad cuando a ratos, voluptuosamente, la escogemos.
La soledad de las grandes ciudades, el hiperindividualismo, la muchedumbre solitaria, las mónadas sociales, fueron temas relevantes en la segunda mitad del siglo XX, pero apenas se habla ya de ello. Los individuos no se han entrañado ni abrazado más entre sí, pero electrónicamente se han comunicado de tal modo que el fenómeno de la interconexión parece haber acallado las inquietudes o las voces del aislamiento.
Se trata, sin embargo, de dos realidades paralelas. Mientras la relación en el cuerpo a cuerpo sigue debilitándose, la relación a distancia, máscara a máscara, aumenta y prolifera. La aventura de ser un individuo diferente o, mejor, siempre dependiente de la imagen proyectada en los demás, se ha provisto ahora de un artilugio mediante el cual la apariencia de nuestra identidad se enreda con nuestras artes de engaño. Nuestro diseño, en fin, se encuentra más en nuestras manos a través del atrezzo, el nickname, el avatar, los juegos del sexo y la edad u otros recursos para hacer personajes de la persona y versiones de lo real.
El prójimo es siempre insustituible para poder ser algo, pero la proporción que de su efectiva sustancia se necesita para esbozar nuestro perfil social puede sustituirse, en parte, por nuestra habilidad para fingir en la pantalla, travestirse en la Red y recrearse en el nuevo espacio virtual, inconcebible hasta ahora.
Indudablemente, la satisfacción no será comparable a la que proporciona un amor encarnado o una consideración tangible, pero, poco a poco, este mundo electrónico será casi todo lo que hay, y la vida en su seno decidirá una porción variable de nuestra composición general. Lo transparente procura abrigo, lo remoto segrega afectividad, lo virtual se materializa, y el sucedáneo, como en las gulas, será progresivamente el único gusto atribuible a la angula.
Incluso, con el uso y el consumo de compañías y sentimientos en la Red, lo que hoy parece sucedáneo borrará su estigma subsidiario y ascenderá de pleno derecho al mundo que alivia los surtidos de la soledad.
Las ‘webs’ sociales. Tras el boom de las compañías puntocom de hace seis años ha estallado el éxito de las empresas que gestionan los puntos de encuentro entre millones de usuarios. Al éxito de la tecnología aplicada a los negocios sucede la multiplicación de los negocios que tienen su base primordial en las personas.
El conocimiento científico, las informaciones de consumo, las opiniones políticas se cruzan en una trama que ha facilitado y estimulado la Red. Y este universo de contactos innumerables posee una importante condición inédita: conectamos con más gentes sin tener que sufrir la penalidad de su aliento. El contacto “personista” se define así por una relación entre personas distantes y distintas, pero sin su extraño o atosigante tufo.
Crece la conexión y hasta la implicación, pero no los compromisos fuertes ni los entrañamientos hondos. De la misma manera que el saber actual es más superficial que profundo, la relación con las personas a través de la Red conforma un modelo a su imagen y semejanza. Tratamos con una multiplicidad de individuos para degustarlos fragmentariamente en aquellos aspectos que nos complacen, nos divierten o nos interesan.
El mundo avanza de esta manera como en un frente de infinitas relaciones ligeras. Vivimos o navegamos, y en lugar de llegar hasta el fondo del otro sustituimos la cavidad por el surf y el corazón por el botox. La interrelación resulta así menos personalista al modo católico de Mounier y, por el contrario, cada vez más “personista”.
En Corea del Sur, las relaciones sociales y afectivas a través de los medios electrónicos superan ya en frecuencia y número a las que se mantienen cara a cara. El rostro de Corea del Sur nunca se nos reveló con nitidez en Occidente, pero ¿no irá sucediendo lo mismo con la vasta y difusa trama que domina Internet y la derivación de su influjo? ¿En qué punto, por ejemplo, se encuentra hoy aquella amistad que amortiguaba la desazón de estar solo? De un lado crecen los telecontactos, aumentan las sectas, se multiplican los clubes, las pandas y las tribus urbanas, y de otro se incrementan los hogares ocupados por una sola persona hasta alcanzar más de la tercera parte de las viviendas en las grandes capitales de Occidente. En este contradictorio contexto, ¿dónde se halla el gozne de la compañía y el apoyo contra la soledad?
La mirada del otro. Muchos nexos y pocos vínculos, mucha conversación en horizontal y escasa en vertical. No es tanto ya la desconfianza en el otro lo que reduce el peso de la amistad, sino la dificultad laboral y residencial para cultivarla y enriquecerla. Poco a poco, sin pensarlo ni ponderarlo, vamos reduciendo la compañía eficaz al recinto de la pareja y sobre ella van concentrándose tantas demandas y exigencias, tanto socorro, que acaba cediendo en sus cimientos o ardiendo por exceso de exigencia.
El otro puede ser un verdugo o un lujo, aunque siempre posee partículas de ambos y siempre parece mejor que estar solo hallarse acompañado porque de la misma manera que no hay mejor especialista en la tortura que el autorturador ni tampoco peor enemigo de la lucidez que nuestra propia ofuscación, el otro cumple como elemento necesario para despejarnos. Aquel que nos observa desde fuera, liberado de nuestra fijación, puede actuar como la llave de nuestra cura. Todo problema tiene su solución, pero a menudo no se halla en nuestro reino y alguien amado, venido desde fuera, abre el encierro. Los términos se vuelven más claros como por ensalmo y saltamos desde su precipicio a la calma gracias a la cirugía de la ajenidad.
No significa, sin embargo, que el otro represente al mágico bálsamo de fierabrás. La especie humana prefiere, en general, no convivir demasiado junta. Precisamente, lo peor de la cotidianidad de las abejas procede de su obligatoria, eterna y hacinada colaboración. Nada parecido al orden de los seres humanos, que encuentran en la soledad una ocasión de lavado y salud precisas.
No será lo mismo la soledad que la independencia, pero la soledad elegida y la independencia conquistada se acercan mucho entre sí. Complementariamente, la calidad del lazo aumenta si ambos asumen su independencia y están juntos pudiendo estar distantes después. La relación florece cuando nadie acarrea su desolación y la soledad posterior a un desacuerdo no se traduce en devaluación o suicidio.
Somos con los demás y los demás son con nosotros, pero sin apelmazamientos. El amor, la amistad, nos construyen mutuamente si los pilares no descansan desequilibradamente. La interdependencia no es, por tanto, suma de dependencias, sino juego de independencias de manera que la metáfora del panal nos endulza tanto como nos encarcela.
Somos, en suma, seres comunitarios y solitarios, ciudadanos e individuos. El inconveniente de la soledad en relación a la visión del mundo reside en que una idea o una opinión mantenida en solitario es prácticamente igual a una creencia, mientras la idea compartida se vuelve convicción y ayuda a trazar itinerarios comunes y a formar un mapa iniciático del que irá hilvanándose una más alegre concepción del mundo.
Pero no revueltos. Contra la exaltación de la compañía, sin embargo, hay que decir que la demasiada presencia del otro es opuesta al progreso. Si los medios de comunicación moderna han triunfado y se han popularizado tanto es debido a su fórmula de permitir hallarse presentes sin presentarse. La pérdida de presencialidad ha ensanchado la lucidez del intervalo en no pocas relaciones ahumadas.
El espectáculo del otro sustituye así, muchas veces en nuestros días, a la realidad efectiva. Las pantallas omnipresentes operan como un cámara de transmutación de lo real para crear el mundo de una irrealidad liviana compatible con la idea de la ausencia. De otra parte, lo específico de nuestra especie no es el contacto con los demás, sino la distancia. Son especies de contacto aquellas que se apiñan por placer y permanecen piel con piel durante horas, como el hipopótamo, el cerdo o el erizo.
Pero hay especies de “no contacto”, entre las que se encuentra el caballo, el perro, el gato, la rata y también los seres humanos. No nos aguantamos demasiado cerca. Puede ser que este rechazo no predomine siendo cachorros o siendo bebés, pero en cuanto se alcanza el estado adulto, toda confortabilidad requiere holgura. Y no ya un hueco para pensar o atacar mejor, sino como hábitat primordial de la supervivencia.
El hacinamiento nos mata, y bastaría la excesiva proximidad para enfermarnos. El individuo (indivisible) requiere para su definición una esfera en la que reine el olor y el amor propio. El abrazo amistoso, la asociación religiosa, el equipo, el vecindario, son elecciones desde la soledad primigenia en que nos fundamos y nos reconocemos. Nada que ver con el pantanoso cosmos del cerdo, la aglomeración de erizos o el apegamiento de los hipopótamos.
En el fondo, además, siempre estamos solos. Más solos que la una y a casi cualquier hora, pobres o ricos, sanos o con hernias. Proust escribía: “Nos comunica alguien su enfermedad o su revés económico, lo escuchamos, lo compadecemos, tratamos de reconfortarle y volvemos a nuestros asuntos. ¡Qué solas estamos las personas!”.
Y qué bello disfrute hallamos en esa oquedad cuando a ratos, voluptuosamente, la escogemos.
viernes, 14 de diciembre de 2007
La juventud ¿divino problema? (Reflexión de una psicoanalista)
Un nuevo encuentro con la página en blanco me lleva a la juventud, no sé si la única forma de sentirme joven es encontrarme, cada vez, con un comienzo. Si Rubén Darío recogía en un poema el anhelo por la juventud perdida, muchas veces las noticias nos muestran una visión bastante negativa de los primeros años de nuestra vida. Basta echar un vistazo por Internet y una se encuentra con esto:
“El número de menores enjuiciados en Andalucía ha crecido un 18,1% en dos años, según se recoge en el Informe del Menor de Andalucía 2006 que fue entregado por el defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, a la presidenta de la Cámara autonómica, María del Mar Moreno.”
“PERFIL DE LA JUVENTUD CORDOBESA. El 60% de los jóvenes menores de 34 años viven con sus padres. La comodidad y la falta de responsabilidades retrasa la emancipación en 4 de cada 10 casos. El desempleo es una realidad para el 59% de menores de 25 años, sobre todo si son mujeres.”
“La posibilidad de dar un cachete o un azote en el culo a los hijos sin que ello sea punible desde el punto de vista legal goza de un aparente consenso entre los expertos en materia educativa.”
“Los menores cometen delitos cada vez más violentos y actúan por puro placer. Expertos alertan de un cambio en el perfil del delincuente juvenil, que pertenece a una familia acomodada Casi 1.700 adolescentes han sido condenados este año.”
Visto lo visto ¡quién quiere ser joven! Datos, estadísticas, estudios intentan reflejar lo que es la vida del ser humano, encasillarla, hasta enjuiciarla, yo me pregunto si nuestra vida, nuestras ilusiones, amores, acciones, pueden definirse en unas pocas frases. Ni todas las mujeres somos iguales, ni todos los jóvenes han de tener los mismos problemas ni los mismos deseos. Realizando este pequeño estudio, en esta tarde de un invierno un poco atípico, también leía algo sobre el tan comentado informe PISA, que pretende evaluar el estado del sistema educativo en los distintos países. Nuevamente se quiere reducir la educación a unas cuantas cifras. Entiendo que tener unos padres u otros influye en nuestra personalidad, nuestra educación, nuestro nivel cultural, pero también he descubierto gracias al Psicoanálisis, que si uno lo desea, puede hacer que otras cosas influyan sobre sí mismo.
Si me remito al sistema educativo, tal vez sea demasiado pretencioso esperar que “nuestra educación” dependa exclusivamente de lo que aprendemos en el colegio, el instituto y la universidad. Se sucederán las reformas educativas, cambiarán libros de texto, metodologías, pero al fin y al cabo, nuestro proceso de humanización no se detiene en la formación académica. Compartiendo con ustedes mi experiencia personal y mis reflexiones, he de decirles que no fui una alumna brillante ni puedo achacar mis fracasos al sistema educativo, lo que soy y seré se deben a que me he ocupado de mi educación y de mi formación. Comencé a ir al psicoanalista desde jovencita y también a estudiar psicoanálisis, ello me ha dado una posición en el mundo, me ha llevado a los libros, a las personas, me ha hecho madurar, escribir, hablar. Si yo he podido tener mi camino, si muchos han podido, por qué hay que pensar que los jóvenes no tienen las puertas abiertas a la cultura, al conocimiento, al dinero… Tal vez en lugar de criticar hay que halagar las cosas que los jóvenes hacen bien, los hay deportistas sacrificados, buenos estudiantes, artistas incipientes, apasionados de la música, etc.
En cada uno de nosotros se esconde un “criticón”, resulta mucho más fácil y menos productivo criticar e insultar que reconocer lo que las otras personas hacen bien. Muchos de los problemas de los jóvenes se deben a la impaciencia y la incomprensión de muchos adultos que olvidaron su propia juventud, recuerdo una frase del psicoanalista Miguel Óscar Menassa en la que decía algo así: si un hombre con 40 años no tiene claro lo que quiere, cómo le podemos pedir a un joven que tenga claro lo que quiere. Hay que reconocer cierta envidia cuando hablamos mal de los jóvenes, en lugar de ayudarles a crecer los miramos por encima del hombro, como si nosotros no nos equivocásemos.
Haz el bien y olvídalo, proverbio árabe. Tal vez sería este un modo para ayudar a nuestros jóvenes a que sus errores no sean definitivos, como los nuestros tampoco lo fueron.
“El número de menores enjuiciados en Andalucía ha crecido un 18,1% en dos años, según se recoge en el Informe del Menor de Andalucía 2006 que fue entregado por el defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, a la presidenta de la Cámara autonómica, María del Mar Moreno.”
“PERFIL DE LA JUVENTUD CORDOBESA. El 60% de los jóvenes menores de 34 años viven con sus padres. La comodidad y la falta de responsabilidades retrasa la emancipación en 4 de cada 10 casos. El desempleo es una realidad para el 59% de menores de 25 años, sobre todo si son mujeres.”
“La posibilidad de dar un cachete o un azote en el culo a los hijos sin que ello sea punible desde el punto de vista legal goza de un aparente consenso entre los expertos en materia educativa.”
“Los menores cometen delitos cada vez más violentos y actúan por puro placer. Expertos alertan de un cambio en el perfil del delincuente juvenil, que pertenece a una familia acomodada Casi 1.700 adolescentes han sido condenados este año.”
Visto lo visto ¡quién quiere ser joven! Datos, estadísticas, estudios intentan reflejar lo que es la vida del ser humano, encasillarla, hasta enjuiciarla, yo me pregunto si nuestra vida, nuestras ilusiones, amores, acciones, pueden definirse en unas pocas frases. Ni todas las mujeres somos iguales, ni todos los jóvenes han de tener los mismos problemas ni los mismos deseos. Realizando este pequeño estudio, en esta tarde de un invierno un poco atípico, también leía algo sobre el tan comentado informe PISA, que pretende evaluar el estado del sistema educativo en los distintos países. Nuevamente se quiere reducir la educación a unas cuantas cifras. Entiendo que tener unos padres u otros influye en nuestra personalidad, nuestra educación, nuestro nivel cultural, pero también he descubierto gracias al Psicoanálisis, que si uno lo desea, puede hacer que otras cosas influyan sobre sí mismo.
Si me remito al sistema educativo, tal vez sea demasiado pretencioso esperar que “nuestra educación” dependa exclusivamente de lo que aprendemos en el colegio, el instituto y la universidad. Se sucederán las reformas educativas, cambiarán libros de texto, metodologías, pero al fin y al cabo, nuestro proceso de humanización no se detiene en la formación académica. Compartiendo con ustedes mi experiencia personal y mis reflexiones, he de decirles que no fui una alumna brillante ni puedo achacar mis fracasos al sistema educativo, lo que soy y seré se deben a que me he ocupado de mi educación y de mi formación. Comencé a ir al psicoanalista desde jovencita y también a estudiar psicoanálisis, ello me ha dado una posición en el mundo, me ha llevado a los libros, a las personas, me ha hecho madurar, escribir, hablar. Si yo he podido tener mi camino, si muchos han podido, por qué hay que pensar que los jóvenes no tienen las puertas abiertas a la cultura, al conocimiento, al dinero… Tal vez en lugar de criticar hay que halagar las cosas que los jóvenes hacen bien, los hay deportistas sacrificados, buenos estudiantes, artistas incipientes, apasionados de la música, etc.
En cada uno de nosotros se esconde un “criticón”, resulta mucho más fácil y menos productivo criticar e insultar que reconocer lo que las otras personas hacen bien. Muchos de los problemas de los jóvenes se deben a la impaciencia y la incomprensión de muchos adultos que olvidaron su propia juventud, recuerdo una frase del psicoanalista Miguel Óscar Menassa en la que decía algo así: si un hombre con 40 años no tiene claro lo que quiere, cómo le podemos pedir a un joven que tenga claro lo que quiere. Hay que reconocer cierta envidia cuando hablamos mal de los jóvenes, en lugar de ayudarles a crecer los miramos por encima del hombro, como si nosotros no nos equivocásemos.
Haz el bien y olvídalo, proverbio árabe. Tal vez sería este un modo para ayudar a nuestros jóvenes a que sus errores no sean definitivos, como los nuestros tampoco lo fueron.
lunes, 10 de diciembre de 2007
AMBIENTE CRISPADO
Hace tiempo que el ambiente político a nivel nacional anda crispado y esa crispación se ha llevado por parte de algunos políticos a los ciudadanos, lo que ha provocado que se produzcan altercados de orden público de importante gravedad, por enfrentamientos entre partidarios de una y otra manera de pensar sobre los asuntos políticos que hoy están en el aire.
Ese ambiente de crispación que se palpa en cualquier esquina de España, ha llegado a Valencia de Alcántara con la moción de censura a nuestro alcalde, que se producirá el próximo jueves. Es necesario que pase esta moción y la gente se tranquilice, reflexione y desaparezcan de una vez los insultos, las descalificaciones y se pongan de una vez todos a mirar en una misma dirección. Es posible que este desencuentro entre unos y otros no desaparezca en todo lo que queda de legislatura; la ruptura se ha producido y ha llegado profundamente fuera del consistorio.
Pero es momento de serenarse y mirar con ojos críticos lo que cada uno está poniendo encima de la mesa para provocar el desencuentro existente. Es tiempo de volver a la moderación, es tiempo de volver a ser ciudadano respetuoso con la opinión del otro, es tiempo de volver a ser político responsable y democrático. Aún hay tiempo.
Ese ambiente de crispación que se palpa en cualquier esquina de España, ha llegado a Valencia de Alcántara con la moción de censura a nuestro alcalde, que se producirá el próximo jueves. Es necesario que pase esta moción y la gente se tranquilice, reflexione y desaparezcan de una vez los insultos, las descalificaciones y se pongan de una vez todos a mirar en una misma dirección. Es posible que este desencuentro entre unos y otros no desaparezca en todo lo que queda de legislatura; la ruptura se ha producido y ha llegado profundamente fuera del consistorio.
Pero es momento de serenarse y mirar con ojos críticos lo que cada uno está poniendo encima de la mesa para provocar el desencuentro existente. Es tiempo de volver a la moderación, es tiempo de volver a ser ciudadano respetuoso con la opinión del otro, es tiempo de volver a ser político responsable y democrático. Aún hay tiempo.
sábado, 8 de diciembre de 2007
DESDE LOS REMEDIOS
DESDE LOS REMEDIOS uno siente la paz que proporciona esa soledad buscada que tantas veces necesita el ser humano para reflexionar, para hablar consigo mismo de su vida cotidiana y de la vida de los que le rodean. Miro al pueblo allá a lo lejos, apenas se logran divisar los tejados y la majestuosidad de las iglesias. Hay gente pero no puedo verla, lo prefiero así. Ahora necesito hablar con ese pueblo desierto en ausencia de sus ciudadanos y le pregunto porqué hoy está tan latente esa crispación por poseerlo, por tenerlo a sus pies, cuando somos nosotros los humanos los que tenemos que ponernos a los suyos, a luchar por él para dejarlo aún mejor de lo que lo heredamos, a luchar por él para que nuestros hijos tengan la posibilidad de elegir si quedarse en él o irse en la búsqueda de su futuro a otros lugares.
Y mientras entre sus paredes ronronea el eco de una crispación de la que unos culpan a otros y solo por tenerte a ti, Valencia, entre sus manos y manejarte, cuando tu sabes que nos sobrevivirás a todos y que vendrán otros con el mismo propósito de conquistarte.
Y desde los Remedios siento la paz y me dejo llevar del silencio valenciano.
Y mientras entre sus paredes ronronea el eco de una crispación de la que unos culpan a otros y solo por tenerte a ti, Valencia, entre sus manos y manejarte, cuando tu sabes que nos sobrevivirás a todos y que vendrán otros con el mismo propósito de conquistarte.
Y desde los Remedios siento la paz y me dejo llevar del silencio valenciano.
viernes, 7 de diciembre de 2007
La vida no es un cuento de Hadas (Reflexión de una psicoanalista)
Y fueron felices y comieron perdices...Así terminaban muchos de los cuentos que nos narraban de pequeños y así, tal vez, fue como la cultura nos transmitía lo que esperaba de nosotros: hallar el amor y crear una familia, vendiéndonos la felicidad como una cosa de dos. La realidad es bien distinta, ni somos tan felices ni comemos perdices que, por otro lado, no sé a qué precio estarán, tal y como está la economía.
Los índices de separación se equiparan a los de nuevos matrimonios, muchas parejas cortan su relación poco después de haber comenzado su vida en común, los hijos cada vez unen menos y cuesta más criarlos, la violencia doméstica hace estragos, la satisfacción sexual en la pareja no es la panacea, los sueldos no dan para tanto, mucho menos para que un hombre pueda mantener a una mujer, ¿dónde está lo que nos habían prometido?
Es sorprendente, aún así, que perviva la ilusión "tipo Disney", seguimos esperando encontrar la pareja ideal, comprar un pisito, compartir alegrías y penas, en la salud y en la enfermedad, tener hijos guapísimos, hasta que la muerte nos separe. Me resulta muy curioso como en las cuestiones amorosas el ser humano, sobre todo la mujer, se monta "cada película". Da la sensación de que ella hubiera nacido para amar y recibir amor, obnubilando otras funciones humanas tan importantes como estudiar, trabajar, ganar dinero, relacionarse, pensar, hablar, etc. Ella lo entrega todo al amor, esperando que el amor le devuelva dinero, posición social, satisfacción y felicidad. Claro, luego se da el "batacazo".
Entiendan que ninguna vida puede definirse en varias líneas y aunque sé que nuestra ceguera respecto a nuestra forma de vivir sólo puede levantarse en el diván de un psicoanalista, me gusta reflexionar con ustedes sobre este y otros temas. El amor es un sentimiento muy poderoso y necesario para nuestra supervivencia como individuos y como especie, pero muchas veces en nombre del amor hacemos cosas que no están justificadas. Algunos matan por amor, otros abandonan su profesión, amistades, familia por una relación amorosa, los hay que viajan miles de kilómetros para abrazar a la persona amada, etc. Amar nos aporta muchas cosas buenas, porque no sólo se trata de amar a una persona, se puede y se debe amar a muchas personas, también se puede amar el trabajo que uno desempeña, amar algún deporte, algún libro, algún cuadro. El amor tendría que ser múltiple, tendría que enriquecernos, pero tantas veces me encuentro con personas que sólo tienen ojos y deseos para una única persona, que se empobrecen creyendo que así vivirán su cuento de hadas.
Dejamos de ser niños hace mucho tiempo y aunque nunca abandonamos una actividad que nos haya proporcionado placer y fantaseamos a diestro y siniestro, a los adultos nos convendría poner los pies en la tierra y aprender a valorar la realidad, nuestra realidad, que depende de nuestro trabajo e implicación. Esperar que el amor te resuelva la vida es un grave error, como también lo es creer que tener pareja te libera del trabajo diario que supone mantener esa relación, el amor y el deseo. De ahí el fracaso de tantos noviazgos y matrimonios, creían que lo habían logrado y se durmieron en los laureles. No se pueden abandonar las propias ambiciones, esa es la mayor traición.
El ser humano es aquel que ha conseguido habitar en los cinco continentes, que ha viajado al espacio, que ha posibilitado la comunicación a distancia... el ser humano es muy poderoso, pero en estas cuestiones ¡qué débiles somos! Una mujer puede perder toda su inteligencia para sentirse deseada por un hombre, él puede cometer locuras para conseguir el amor de ella. Es necesario un nuevo modelo para el amor, este ya fracasó. La mujer y el hombre del siglo XXI necesitan palabras para transformarlas en trabajo que haga posible que cada uno de nosotros tenga nombre y apellidos, que viva su propia historia, que viva el amor y la sexualidad como también se viven en las novelas policíacas, en los poemas, en las cartas, en los relatos históricos. Hay millones de formas, ¿te sientes capaz de producir la tuya?
Los índices de separación se equiparan a los de nuevos matrimonios, muchas parejas cortan su relación poco después de haber comenzado su vida en común, los hijos cada vez unen menos y cuesta más criarlos, la violencia doméstica hace estragos, la satisfacción sexual en la pareja no es la panacea, los sueldos no dan para tanto, mucho menos para que un hombre pueda mantener a una mujer, ¿dónde está lo que nos habían prometido?
Es sorprendente, aún así, que perviva la ilusión "tipo Disney", seguimos esperando encontrar la pareja ideal, comprar un pisito, compartir alegrías y penas, en la salud y en la enfermedad, tener hijos guapísimos, hasta que la muerte nos separe. Me resulta muy curioso como en las cuestiones amorosas el ser humano, sobre todo la mujer, se monta "cada película". Da la sensación de que ella hubiera nacido para amar y recibir amor, obnubilando otras funciones humanas tan importantes como estudiar, trabajar, ganar dinero, relacionarse, pensar, hablar, etc. Ella lo entrega todo al amor, esperando que el amor le devuelva dinero, posición social, satisfacción y felicidad. Claro, luego se da el "batacazo".
Entiendan que ninguna vida puede definirse en varias líneas y aunque sé que nuestra ceguera respecto a nuestra forma de vivir sólo puede levantarse en el diván de un psicoanalista, me gusta reflexionar con ustedes sobre este y otros temas. El amor es un sentimiento muy poderoso y necesario para nuestra supervivencia como individuos y como especie, pero muchas veces en nombre del amor hacemos cosas que no están justificadas. Algunos matan por amor, otros abandonan su profesión, amistades, familia por una relación amorosa, los hay que viajan miles de kilómetros para abrazar a la persona amada, etc. Amar nos aporta muchas cosas buenas, porque no sólo se trata de amar a una persona, se puede y se debe amar a muchas personas, también se puede amar el trabajo que uno desempeña, amar algún deporte, algún libro, algún cuadro. El amor tendría que ser múltiple, tendría que enriquecernos, pero tantas veces me encuentro con personas que sólo tienen ojos y deseos para una única persona, que se empobrecen creyendo que así vivirán su cuento de hadas.
Dejamos de ser niños hace mucho tiempo y aunque nunca abandonamos una actividad que nos haya proporcionado placer y fantaseamos a diestro y siniestro, a los adultos nos convendría poner los pies en la tierra y aprender a valorar la realidad, nuestra realidad, que depende de nuestro trabajo e implicación. Esperar que el amor te resuelva la vida es un grave error, como también lo es creer que tener pareja te libera del trabajo diario que supone mantener esa relación, el amor y el deseo. De ahí el fracaso de tantos noviazgos y matrimonios, creían que lo habían logrado y se durmieron en los laureles. No se pueden abandonar las propias ambiciones, esa es la mayor traición.
El ser humano es aquel que ha conseguido habitar en los cinco continentes, que ha viajado al espacio, que ha posibilitado la comunicación a distancia... el ser humano es muy poderoso, pero en estas cuestiones ¡qué débiles somos! Una mujer puede perder toda su inteligencia para sentirse deseada por un hombre, él puede cometer locuras para conseguir el amor de ella. Es necesario un nuevo modelo para el amor, este ya fracasó. La mujer y el hombre del siglo XXI necesitan palabras para transformarlas en trabajo que haga posible que cada uno de nosotros tenga nombre y apellidos, que viva su propia historia, que viva el amor y la sexualidad como también se viven en las novelas policíacas, en los poemas, en las cartas, en los relatos históricos. Hay millones de formas, ¿te sientes capaz de producir la tuya?
Provocaciones sin sentido (Reflexión de Nacho)
Algunas personas viven la vida en una permanente provocación. Que provocar es una arte en si mismo y remueve conciencias, estados de humor, la ira desmedida de los detractores, o el fanatismo del admirador, es algo que nadie discutiría. El provocador suele ser de carácter altanero y su intención es fácilmente identificable. Todos no poseemos esa capacidad, que resulta incluso agradable cuando de lo que se trata es de atraer la atención sobre asuntos de marcada marginalidad, o por el contrario de exacerbada globalización.
Nada podemos decir del amante que provoca a su amad@, del grafitero en clara rebeldía contra la sociedad que le ha tocado vivir, del despelotado espontáneo en una gala de moda, o de los antitaurinos en el toro embolado de Tordesillas. Su incitación esconde tras de sí la defensa de una idea, a todas luces meditada hasta el compromiso. Su desafío es hacer demostrar que hay una alternativa, que otro mundo es posible, que la felicidad no pasa por los cánones establecidos.
Cuando se es provocador probablemente se ha trascendido a la idea de la muerte como fin del camino y se han encontrado razones vitales para orientar la existencia, que no llegarán a desaparecer jamás por más que el aburguesamiento anide en la vida de la gente...
Sin embargo, no era de ese retante personaje del que yo quería hablar. Yo quería hablar del detestable provocador cuyo gesto solo tiene un interés: el daño gratuito, y a veces sin límite de sus semejantes, ese cuya provocación solo viene a exaltar aspectos que, siendo cualidades en otros, se convierten en aspectos detestables en ellos. Así por ejemplo, unos brazos viriles musculosos en una camiseta algo ajustada en el torso de un hombre, se convierten en motivo agresivo en un personaje de estética neonazi (A nadie le preocuparía encontrarse con un skin enclenque y canijo). Una adopción, acto generoso y desprendido donde los haya, se convierten en un asunto turbio y oscuro cuando alguien de poderosa economía lo tramita por encima de toda la burocracia y seguridad establecida, haciéndolo en plazos impensables en otras solicitudes menos ostentosas. Seguro que al lector se le ocurren miles de ejemplos más.
El domingo encontré una nueva forma de desafío cargado de agresividad, innecesario, y doloroso donde los haya. A la playa donde asistía llegó una mujer joven de aspecto agradable, acompañada de un maromo no menos vistoso que parecían tener una complicidad digna de admiración. Esa hermosa imagen vino a deteriorarse cuando pude leer la frase de la camiseta que llevaba ella reposando sobre su pecho, sin más sujeción éste que la firmeza de la juventud: “Esta camiseta me la ha regalado tu novio ¡jodeté!!”
Posiblemente el donante no estaría allí; es mucho más que probable que tampoco estuviera la novia en cuestión, pero aquella frase me rechino en la mente, porque solo generaba dolor y rabia. Era una chica de curvas generosa y lindas como pude comprobar cuando se despojó de su atuendo, pero para mi había perdido todo el interés. Puede que en algún momento desease incluso que se fuese. Igual que un subsahariano si viese aproximarse a un neofascista.....
Nada podemos decir del amante que provoca a su amad@, del grafitero en clara rebeldía contra la sociedad que le ha tocado vivir, del despelotado espontáneo en una gala de moda, o de los antitaurinos en el toro embolado de Tordesillas. Su incitación esconde tras de sí la defensa de una idea, a todas luces meditada hasta el compromiso. Su desafío es hacer demostrar que hay una alternativa, que otro mundo es posible, que la felicidad no pasa por los cánones establecidos.
Cuando se es provocador probablemente se ha trascendido a la idea de la muerte como fin del camino y se han encontrado razones vitales para orientar la existencia, que no llegarán a desaparecer jamás por más que el aburguesamiento anide en la vida de la gente...
Sin embargo, no era de ese retante personaje del que yo quería hablar. Yo quería hablar del detestable provocador cuyo gesto solo tiene un interés: el daño gratuito, y a veces sin límite de sus semejantes, ese cuya provocación solo viene a exaltar aspectos que, siendo cualidades en otros, se convierten en aspectos detestables en ellos. Así por ejemplo, unos brazos viriles musculosos en una camiseta algo ajustada en el torso de un hombre, se convierten en motivo agresivo en un personaje de estética neonazi (A nadie le preocuparía encontrarse con un skin enclenque y canijo). Una adopción, acto generoso y desprendido donde los haya, se convierten en un asunto turbio y oscuro cuando alguien de poderosa economía lo tramita por encima de toda la burocracia y seguridad establecida, haciéndolo en plazos impensables en otras solicitudes menos ostentosas. Seguro que al lector se le ocurren miles de ejemplos más.
El domingo encontré una nueva forma de desafío cargado de agresividad, innecesario, y doloroso donde los haya. A la playa donde asistía llegó una mujer joven de aspecto agradable, acompañada de un maromo no menos vistoso que parecían tener una complicidad digna de admiración. Esa hermosa imagen vino a deteriorarse cuando pude leer la frase de la camiseta que llevaba ella reposando sobre su pecho, sin más sujeción éste que la firmeza de la juventud: “Esta camiseta me la ha regalado tu novio ¡jodeté!!”
Posiblemente el donante no estaría allí; es mucho más que probable que tampoco estuviera la novia en cuestión, pero aquella frase me rechino en la mente, porque solo generaba dolor y rabia. Era una chica de curvas generosa y lindas como pude comprobar cuando se despojó de su atuendo, pero para mi había perdido todo el interés. Puede que en algún momento desease incluso que se fuese. Igual que un subsahariano si viese aproximarse a un neofascista.....
jueves, 6 de diciembre de 2007
PARA REFLEXIONAR (Usurpado a Nexo desde el otro blog)
Es tan interesante que me lo he apropiado para este blog, con el permiso naturalmente de Nexo, al que pido que si tuviera algún inconveniente me lo haga saber.
Un profesor delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Después preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que si.
El profesor cogió una caja llena de perdigones y los vació dentro del bote. Estos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf. El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que si.
Después el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto que la arena llenó todos los espacios vacíos y el profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un si unánime.
El profesor, rápidamente añadió dos cervezas al contenido del bote y efectivamente, el líquido llenó todos los espacios vacíos entre la arena.
Los estudiantes reían. Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo: "Quiero que os fijéis que este bote representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y nada mas nos quedasen éstas, vuestras vidas aún estarían llenas.
Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche.....
La arena es el resto de las pequeñas cosas.
Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes.
Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Juega con tus hijos, concédete tiempo para ir al médico, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o tu afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave del agua. Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades, el resto solo es arena".
Uno de los estudiantes levantó la mano y le preguntó que representaban las cervezas. El profesor sonrió y le dijo:
¡Me encanta que me hagas esta pregunta!
"La cerveza es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos cañas con un amigo".
Un profesor delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Después preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que si.
El profesor cogió una caja llena de perdigones y los vació dentro del bote. Estos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf. El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que si.
Después el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto que la arena llenó todos los espacios vacíos y el profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un si unánime.
El profesor, rápidamente añadió dos cervezas al contenido del bote y efectivamente, el líquido llenó todos los espacios vacíos entre la arena.
Los estudiantes reían. Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo: "Quiero que os fijéis que este bote representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y nada mas nos quedasen éstas, vuestras vidas aún estarían llenas.
Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche.....
La arena es el resto de las pequeñas cosas.
Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes.
Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Juega con tus hijos, concédete tiempo para ir al médico, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o tu afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave del agua. Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades, el resto solo es arena".
Uno de los estudiantes levantó la mano y le preguntó que representaban las cervezas. El profesor sonrió y le dijo:
¡Me encanta que me hagas esta pregunta!
"La cerveza es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos cañas con un amigo".
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